El camión eléctrico pesado y la DUM digital: lo que dejó el SIL 2026 en clave catalana
Más allá de las cifras de feria, la edición de junio dejó tres debates con consecuencias directas para Cataluña: cómo ordenar la última milla, cómo hacer rentable el camión eléctrico y cómo construir la red ferroviaria de mercancías que el territorio lleva años reclamando.

El SIL Barcelona celebró su vigésimo octava edición del 3 al 5 de junio en el recinto de Montjuïc de Fira de Barcelona, con más de 600 empresas expositoras, cerca de 80 startups, más de 160 novedades presentadas in situ y la inteligencia artificial elevada a eje del programa. Un 30% de los expositores llegaron de fuera de España, desde Alemania y Francia hasta China, Estados Unidos o los Emiratos Árabes.
Son las cifras que ocupan los titulares. Pero para quien opera en Cataluña, la edición se resume mejor en tres sesiones concretas, todas ellas impulsadas por Cimalsa, que dibujaron el estado real de tres frentes abiertos: la distribución urbana, la descarbonización del transporte pesado y la intermodalidad ferroviaria.
La última milla estrena herramienta común
La empresa pública catalana aprovechó el salón para presentar una plataforma digital dedicada a la gestión de la distribución urbana de mercancías (DUM) en Cataluña. La idea es sencilla de enunciar y difícil de ejecutar: centralizar en un solo lugar la información sobre tipologías de vehículo, puntos de entrega, medidas adoptadas por los municipios y experiencias reales ya implantadas.
El diagnóstico de fondo es conocido por cualquiera que reparta en zona urbana. Cada ayuntamiento regula sus carga y descarga con criterios propios, sus horarios, sus etiquetas ambientales y sus zonas de bajas emisiones. El resultado es un mosaico normativo que penaliza especialmente a las flotas que trabajan en varios municipios el mismo día. Una herramienta que permita comparar y planificar sobre información homogénea no resuelve la fragmentación, pero sí reduce el coste de convivir con ella.
El punto interesante para el sector es que la plataforma se plantea también como instrumento de planificación para las administraciones locales. Si funciona, empujará hacia una cierta convergencia de criterios por la vía de los hechos: es más fácil copiar un modelo que ya está documentado que inventarse uno propio.
El camión eléctrico pesado sale del terreno de la fe
La sesión «Smart Logistics» abordó el asunto que más divide al sector: la consolidación del vehículo pesado eléctrico. Participaron representantes de Cimalsa y del Institut Català d’Energia (ICAEN), junto a operadores de recarga y transportistas con flota en circulación.
El tono del debate fue notablemente menos evangelizador que en ediciones anteriores. Se habló de lo que realmente decide una inversión de este calibre: retos operativos, disponibilidad de infraestructura de recarga y, sobre todo, rentabilidad. Desde el lado transportista se puso sobre la mesa el argumento económico que hoy sostiene el caso de negocio: el coste de la recarga eléctrica es sensiblemente inferior al del combustible, y la diferencia se amplía cuando la recarga se hace en la propia base de operaciones.
Ese matiz —recargar en base— es el que ordena el debate. Convierte la electrificación del pesado en una decisión que depende menos del vehículo y más de la instalación: potencia contratada, espacio en el aparcamiento de flota, capacidad de la red en el polígono. Es decir, un problema de infraestructura y de suelo, dos ámbitos donde Cataluña ya tiene la agenda cargada.
También hubo consenso en un punto que el sector repite sin demasiado eco: la transición no se resuelve con ayudas a la compra, sino con acompañamiento técnico a empresas que en su mayoría son pymes y no disponen de departamento de energía.
Quo Vadis Mercaderies: la red ferroviaria toma forma
La jornada de tarde, bajo el rótulo «Quo Vadis Mercaderies», se dedicó a la Estrategia Catalana de Terminales Ferroviarias. Es aquí donde el SIL dejó la noticia con más recorrido: la directora general de Cimalsa, Carmen Ruiz, defendió la ubicación estratégica de las cuatro terminales previstas y su papel como infraestructura básica para trasvasar carga de la carretera al ferrocarril.
Las cuatro son Vilamalla, en el Empordà; Torreblanca-Quatre Pilans, en Lleida; una instalación en las Terres de l’Ebre; y otra en el Penedès. Cimalsa cifró en 127 millones de euros la inversión necesaria para acometer la primera fase de desarrollo, y avanzó que la estrategia se elevaría a acuerdo de Govern. Vilamalla es la más avanzada, con proyecto constructivo para implantar el ancho internacional; las otras tres se encontraban entonces en fase de estudios informativos.
El mensaje que se repitió en la mesa fue el de la colaboración público-privada. No es retórica: sin compromiso de tráfico por parte de operadores y cargadores, una terminal intermodal es una inversión difícil de justificar, y sin infraestructura disponible ningún operador se compromete. Romper ese círculo es, en buena medida, el trabajo pendiente.
Lleida enseña su carta
La sesión de Cimalsa arrancó con la presentación de la futura estación intermodal de Torreblanca-Quatre Pilars, integrada en un nuevo polígono logístico e industrial de Lleida y presentada junto al ayuntamiento e Incasòl. El argumento leridano es de manual y por eso funciona: una plataforma intermodal en el interior permite a la industria agroalimentaria y a la manufactura local exportar sin depender por completo del camión hasta la costa.
El hilo que une las tres cosas
Vista en conjunto, la aportación catalana al SIL 2026 describe una misma tensión desde tres ángulos. La última milla necesita reglas comunes. El camión eléctrico necesita infraestructura de recarga en los polígonos. Y el ferrocarril necesita terminales con capacidad real. Los tres frentes compiten por lo mismo: suelo bien situado, potencia eléctrica y coordinación entre administraciones que no siempre se hablan.
Conviene no perder de vista que el propio salón anunció su cambio de piel: a partir de 2027 pasará a llamarse Salón de la Innovación Logística de Barcelona. El nombre es nuevo; los deberes, no.

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